SER NOVATE ONLINE

 El semestre online nos pilló por sorpresa a todas y todos. Quienes ya teníamos la costumbre de ir a la universidad enfrentamos el cambio a la modalidad remota, sin embargo, hay personas que partieron así su vida universitaria, en medio de la pandemia, algunos que ni siquiera alcanzaron a conocer sus campus: los novatos y novatas. Le pedimos a tres de elles que nos contaran sobre su experiencia. 

 

Daniela Barrera, Química y Farmacia

Ser estudiante en tiempos de pandemia es difícil, pero ser novata estando en esta situación es más complicado de lo que creía. Sobrellevar el semestre pasado totalmente online fue algo nuevo como para todos, pero en lo que me vi más afectada fue en aprender a usar y conocer todas las plataformas que ofrece la universidad, estar perdida la mayor parte del tiempo y no tener a quien recurrir para las dudas ya que no conocía a la mayoría de mis compañeros o profesores. Fue todo un desafío, quizás la ayuda por correo siempre estuvo, pero ese medio es bien tardío. 

Por otro lado, estudiar una carrera científica estando en esta modalidad se vuelve más difícil al no llevar a la práctica todas las cosas que estudiamos, hasta este momento somos científicos teóricos, lo que en parte retrasa un poco el estudio y hay que tener harta imaginación para comprender algunos ejercicios que se realizan en laboratorio. Creo que a cualquier estudiante que está fascinado y le gusta su carrera le afecta no tener laboratorios ya que es la parte más emocionante donde uno lleva la teoría a la práctica y es súper lamentable esa parte. 

Espero poder volver pronto a la normalidad y dentro de todo lo malo, como los dolores de cabeza por estar frente a la pantalla, agotamiento, estar desconcentrado o las distracciones me gustaría destacar que la situación me ayudó a ser mucho más autosuficiente y responsable tanto con mis estudios como por mi salud en general.

 

Martín Fernández, Arquitectura

Entrar en un mundo sin entrar en él. La universidad bidimensional, el campus de mis cuatro paredes. Comencé pensando que sería malo ¿cómo iba a pertenecer a la U si ni la pisé?, especial siendo Arquitectura mi carrera que ¿cómo iba a hacer eso? más aún siendo que Taller 1 era todo en papel, dibujado. Mi frustración no fue solo esa, sino también trabajar en un curso del que no sentía su corriente, del que su caudal va en la misma línea y dirección, pero extrañamente encasillado en el nuevo campus de cada uno.

Fueron mis reflexiones y mis ramos (especialmente Introducción a la Arquitectura) los que me hicieron salir de ahí. O bien lo que me hizo darme cuenta que nunca estuve ahí. La universidad nunca fue el lugar, sino la acción. Claro, la acción necesita un lugar en el espacio y tiempo, pues quien sabe no compartía su saber a quienes no lo tenían en la nada, sino que debajo de un árbol. -Bueno.. ¿y dónde está el árbol? Dirán… Alguna vez el árbol pasó de tener ramas a muros, hojas a techos, raíces a pupitres, solamente pasó que ahora el árbol de concreto pasó a ser uno virtual, online. Las cosas nunca son definitivas, y tampoco lo será lo online. El sentimiento de no pertenecer, de no entender, de no convivir, fue solo culpa de lo drástico del cambio en la forma del árbol, porque de a poco la comunidad bajo su copa va venciendo la situación. Por lo que respecta entonces a la universidad, solo espero poder verles y abrazarles, pero esta vez de forma física, bajo el árbol de concreto al que algún día volveremos.

Ahora, haciéndole favor a mis estudios y disciplina en la que me introduje, hablo del gran dilema de la arquitectura online: “vivirla sin vivirla”. El mismo que el dilema de la U, pero más intenso, dado que es justamente lo que la carrera estudia lo que no estamos viviendo.

Mi respuesta es similar a la anterior, me equivoqué al sentir eso, se equivocó quien también lo sintió. ¿Cómo es eso de no vivir el espacio y tiempo? Solamente lo hacemos desde otra forma, otra vista a la que no estábamos acostumbrados. Estoy viviendo la arquitectura como nunca, la estamos viviendo como pocas personas lo habían hecho. Nos damos cuenta de cosas que antes ni hubiesemos visto, ahora inconscientemente vivimos y percibimos el espacio, y también el tiempo, de otra manera.

Al final, es cosa de perspectiva. Trabajemos como comunidad para que los azares sean más de provecho y no tanto de pesar para cada una de las personas que la conforman.

Ojalá, tal como en tiempos anteriores, quienes están bajo este gran árbol puedan aprender conmigo (y no de mí, específicamente) y podamos seguir creciendo como la copa no material de nuestra comunidad, la universidad.

 

Juan Matamala, Derecho

Cuando uno va a entrar a primero de la universidad tiene algunas expectativas. Expectativas que se hicieron aún más reales ese viernes de la bienvenida novata, en el que vimos por primera vez a nuestros compañeros de generación, y ese sábado de la prueba de diagnóstico, que resultó ser el último día en el que los veríamos en un largo tiempo. Recuerdo que para la prueba de diagnóstico vi a una de mis mejores amigas, la Lore, y cuando nos despedimos me dijo “nos vemos todos los días del año”. Desde ese día que no nos vemos.

Estas expectativas que nos habíamos hecho desaparecieron rápidamente ese mismo sábado en la noche, había vuelto en bus a Rancagua para despedirme de mi familia cuando abro Instagram y veo ese post maldito en el que decía que las clases iban a ser online por la pandemia.

Y dos días después, el 16 de marzo, figurábamos ya casi 400 novatos, muchos sin ni siquiera haber pisado Casa Central en nuestras vidas, en nuestra primera clase de la universidad. Profes que no conocíamos y nunca habíamos visto presentándose y dando sus programas, las fechas de las evaluaciones y los porcentajes. Ninguno de nosotros se había imaginado que nuestro primer semestre sería así, sin poder ver a nuestros compañeros ni a los profes y sin poder carretear ni una mísera vez como para que las semanas enteras de estudio se sintieran como algo que valía la pena. Todos los días eran iguales, despertarse, ir a clases y después ponerse a leer las 2000 páginas de controles de lectura que teníamos en total. 

Un mes después de entrar ya nadie quería más, entre tanto control de lectura y las solemnes de materia que no entendíamos acercándose, muchos de nosotros comenzamos a querer congelar el semestre o simplemente renunciar, la mayoría se sentía solo, sin conocer a nadie, ni siquiera a los de su mismo paquete. Por suerte, no fue mi caso, mi paquete fue la red de apoyo más grande del semestre con el que nos reíamos y estudiábamos para poder pasar los ramos. 

De a poco, se fue haciendo menos terrible, la semana de receso ayudó, junto con el hecho de que nos estábamos lentamente aclimatando a estudiar hasta las tres de la mañana y que cada semana teníamos más gente para hablar o, por lo menos, más confianza con la poca gente con la que podíamos hablar.

Algunos nos echamos un ramo, y nos sentimos pésimo por unos días, pero había que seguir, tampoco había mucho tiempo para lamentarse.

Y los días siguieron pasando, lloramos por fundamentos, nos reímos del examen de introducción a la economía, para Romano con suerte estudiamos, después volvimos a llorar para tyf y en menos de una semana después el semestre ya se había acabado y, con él, todas nuestras esperanzas de tener un segundo semestre normal. 

Las vacaciones tampoco fueron tranquilas, entre el pánico del banner, la toma de ramos y el hecho de que fueron solamente dos semanas y nadie quería otro semestre online. Pero al menos ya estábamos listos para el segundo semestre, y después de sufrir tanto por el primero, no nos íbamos a rendir a mitad del año.

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